Mostrando entradas con la etiqueta Smara. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Smara. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de noviembre de 2010

SMARA, LUGAR DE PAZ...





¿Qué hay más? ¿arena en el desierto o estrellas en el cielo?

¡Bubisher, bubisher! gritan los niños del campamento de Smara al ver pasar el camión del Bubisher.

¡Adios gordito! me dicen algunos avezados en el descaro. Y es verdad. Gordito. En el Sáhara no está de moda la gordura masculina. Los niños y niñas me preguntaban con sincera curiosidad ¿qué guardaba dentro de semejante buche? y, en el mercado de la ciudad no encontré camisas de mi talla. Iberia decidió dejar una de mis maletas con algunos libros, la ropa y los regalos en Alicante. Así que me pasé una semana con la misma camisa, lavada, eso sí, aunque no tanto, sin poder comprar una camiseta siquiera. Casi me quedo con una de Beckham pero no. Preferí lavar la mía.

Hoy hace una semana que comenzó mi viaje a Smara. Llegué el sábado en una noche de luna muerta y me hice pequeño al rozar mi mirada con el cielo agujereado. ¡Han venido todas! dijo un día en mi casa mi sobrino. ¡Han venido todas! pensé al ver aquel cielo. En Smara están todas. Allí se muestran como si nada millones y millones de lucecitas que puedes tratar de unir con rayitas o simplemente dejarte asombrar. Mirar para arriba se me hizo gozosamente obligatorio cada una de las siete noches. Silencio y fascinación. No está mal para iniciar el descanso.

Aunque para suerte la de encontrarme con Mª Jose y Marga, dos oscenses que ya llevaban una semana de trabajo con el Bubi y me pusieron al día en un periquete y de dos más uno, salimos tres.

El bubi tiene una historia muy bonita, pero es mejor que la leáis en su web bubisher.com

Los amaneceres en Smara son naranja intenso con una luz muy blanca. Es de día y la wilaya canta. Se oyen los niños en la calle, la llamada al rezo, las voces que saludan y se llaman.

Así uno se despierta abriendo los ojos, el oído y el resto porque enseguida viene el desayuno.

A nivel práctico:

Por la mañana, el bubi se traslada a la puerta de un centro escolar con el que tiene concertada la visita. En mi semana hemos estado en dos escuelas de primaria y una de secundaria. Allí, dependiendo del curso, se realiza una actividad u otra de animación a la lectura y acercamiento a los libros. Se realizan también tareas de formación de usuarios, préstamo y carnets. En las dos mañanas que estuvimos en secundaria hicimos más de sesenta y se prestaron como si fueran churros. 

Contar en un sueño con ruedas lleno de libros es algo emocionante. Los grupos de cada aula, se dispersaban por el suelo. Siempre con ganas y eso es un lujo. Daryhala es la bibliotecaria de las mañanas y es genial ver cómo se ríe cuando escucha los cuentos. El bubi se llena de palabras, de miradas, de tensión, de risas y de algún que otro baile y se queda enseguida pequeño.

La ruta por los centros está programada para todo el curso escolar, con los grupos y las actividades. Otro lujo.

Parada en casa para comer. Bueno, para parar, hacer la comida, comer, recoger, descansar y charlar. 

Por las tardes toma el relevo Memona. Más pequeña que Daryhala pero toda energía. Cada día El bubisher aparca en un barrio cercano a la escuela de la mañana. Se abren las puertas y la chiquillería viene y pinta y lee y recorta y mira y habla y se llama y pega y escribe y dice y señala y borra y coge y ríe... En estas tardes también se cuenta, y se canta y se baila y se deja uno contagiar por ese hervor que se genera. Y también se prestan libros. Muchos.

Después cae la noche, cena cenita cena y charla que te charla. Hubo tres noches especiales que luego cuento. Pero en todas uno se queda relamiendo los rincones bellos del día.

A nivel emocional todo cambia y toma una dimensión mucho más grande.

¿Por dónde empezar? Pues por qué no, por lo que significa el Bubi. Todo un sueño. Un sueño que lleva rodando ya tres años. Un sueño que junta a un montón de gente de aquí y de allá, gente con ganas. Un sueño al que me trae Gonzalo Moure, un soñador con cara de marino calmo.

Así el viaje se hace emocionante desde el principio. Pero luego está el llegar y encontrarte con María José, y Marga, con las que poder compartir lo que no entendemos y lo que nos sorprende. Dos oscenses (de interior) a las que le debo mucho de la comodidad y la tranquilidad de las que he disfrutado. Me han viciado a un juego de cartas llamado continental, que es un poco lioso pero adictivo. Pero sobre todo me han viciado a las conversaciones en grupo con la luz apagada. Las palabras fluyen de otra manera, como hacía tiempo.

Daryalha y toda su familia (su madre, su hermana, su sobrinillo, su hermano, su prima, su primo, su...), familia en la que uno entra, sin más dificultad que la de tropezar con los tensores de su jaima, o dejarte la frente en el marco bajo de la puerta del patio. Ellos son los más cercanos y con quienes se tiene un gustoso contacto diario.

La familia de Daryalha es un regalo. Con ellos he ido de compras, he mirado cómo preparar un cous cous de carne de camello, he disfrutado del té y de su preparación, he visto cómo se levanta una jaima y he preguntado mucho de lo que no comprendía y siempre acabé entendiendo... 

Daryalha es sorprendete y genial. Su mirada se pierde entre las del resto escuchando los cuentos. Y cuando cuenta, su cara dice más que sus palabras. Claro que yo tampoco entiendo el hassania.

El bubisher lo lleva y lo trae Larossi, aunque cuando llegué estaba enfermo, pero enseguida se recuperó y nos condujo de aquí para allá. Larossi es una mano tendida. Por suerte ya no fuma y es todo sonrisa.

Memona es toda energía, ya lo dije. Energía para todo, para hablar, para reír, para moverse, para acoger. Energía de la buena, de la que uno se recarga también. Memona es otro regalo.

Hassania es la lengua que hablan en Smara aunque también se estudia árabe, inglés y español. Bachir, un hombre guapo y amable, venía a tratar de enseñarnos su lengua. Yo disfruté una noche nada más pero resultó la mar de interesante. La lengua va tomando sus ritmos y explicarlos con otra lengua no debe ser fácil. Después mantuvimos una conversación la mar de interesante. Un lujo. Bachir vino también a la noche del Bubi, donde se realiza una tertulia, en este caso sobre la oralidad.

No quisiera dejarme a nadie, Bethu, Hamida, primas de Daryalha y Memona, amigos y amigas de ambas, la muchacha del erizo... Ha sido emocionante recibir tanto abrazo que suman uno así, en tan pocos días. Y ni mucho menos me dejo al apoyo desde españa: Luisa, Gonzalo, Palma y Ricardo ahí estaban. Y los anteriores voluntarios y voluntarias, entre ellas gente querida como las bibliotecarias de Las Rozas...

Luego está el entorno. El campamento está levantado en un lugar hinóspito y bello. Sol, viento, polvo, cabras comiendo papel, corrales hechos de retales, casas de adobe, jaimas y un horizonte redondo que lo abraza todo. Es una vida extrema. ¿Se concibe la idea de unos campos de refugiados para 30 años? Se depende del suministro de agua. En cubas. Y a partir de ahí todo lo demás. 

Lo que resquebraja los adentros es que este lugar no lo ha elegido este pueblo. Su lugar, su casa, su tierra, queda a kilómetros de aquí. Muchos. Y allí viven ahora otras gentes.

A pesar de ello, la belleza no se oculta y se asoma con los naranjas de la tierra o con las miradas negras de los niños. En Smara hay mucha inmensidad.

Una noche, Daryalha y Memona nos llevaron con unos amigos al desierto. Ver atardecer en un mar de arena es algo que no se olvida. En land rover navegó por las dunas hasta llegar a la elegida. Un té, un día que se apaga, el cielo volcado hacia nosotros y un cuento.

Y el silencio. Regreso a casa más grande de lo que me fui, de hecho la camiseta de Kukusumusu que me ha acompañado en este viaje me viene más estrecha. Regreso lleno de calma y me encuentro con la barbarie a la que someten/emos a este pueblo. Unos activamente, otros pasivamente. Treinta y cinco años de vergüenza son más que suficientes. Así que sumarse a alguna iniciativa de protesta para dejar constancia de nuestra repulsa, nunca está de más. Busca en tu ciudad, seguro que hay alguna movilización u acción y muévete por una tierra que queda tan cerca como Canarias y que sus gentes lo merecen.

¿Qué hay más? ¿arena en el desierto o estrellas en el cielo?

En el Sáhara uno aprende a contar, a respirar, a escuchar y a dejarse fascinar.

viernes, 13 de noviembre de 2009

JUNTOS


700 niños son muchos, muchos, niños. Pues ese es el número de espectadores que Daryala nos dijo que habían asistido ayer al teatro que realizaron Silvia y Mónica. El sonido no fue perfecto, pero sí lo fue contemplar tanto silencio, tantas bocas abiertas y tantos ojos brillando a la vez,

Y para que nada faltara, y para que la ilusión se agolpara en los rostros de todos ellos, apareció un payaso. Sí, sí, un payaso, porque estos días también está en los campamentos un grupo de Payasos sin Fronteras. Y actuó durante diez minutos y, sin duda, arrancó risas y sumó a la alegría, más alegría.

Ayer fue día de fiesta en Smara. Y aunque día no laborable, tanto Memona y Daryala como las voluntarias trabajaron y trabajaron bien. Y finalizaron la jornada agotadas, pero felices.

Ha sido una gran semana de juegos, música, libros y alegría. Una semana para la amistad, para el recuerdo, para el entusiasmo. Silvia, Mónica, Ayna y María pasan hoy su último día en Smara y Toñi ya prepara su viaje de ida. Una cadena humana que enlaza experiencias y afectos.

Y que prolonga su radio de acción. Las noches del Bubisher están a punto de comenzar. Cuatro maestros saharauis, coordinados por Daryala, esperan reunirse en breve para formar un nuevo Leer Juntos.

Desde Smara os envían a todos un saludo. Y el deseo de seguir Creciendo Juntos.

lunes, 5 de octubre de 2009

EL VOLUNTARIO PERDIDO Y HALLADO EN SMARA.


Hoy suena con especial alegría la voz de Gonzalo. Gloria, Darjahla, Fernanda y él fueron hasta el Aaiún y estuvieron con Maddi, que les entregó una canción compuesta especialmente para el Bubi. No tiene la letra de ninguno de los poemas que escribieron los poetas saharauis, porque todos eran preciosos para musicar y hubiera sido muy complicado elegir uno y desechar los otros. Según dice Gonzalo, la canción que les ha grabado Maddi es muy alegre y pegadiza. No obstante, cuando Silvia vaya, les enseñará también su magnífica composición.
El entusiasmo de nuestros bubisheros saharauis y españoles es imparable. A pesar de ser casi una legión, tanto Memona como Darjhala y Larosi se pasan el día entero con los ocho voluntarios que están actualmente allí, la convivencia está resultando fantástica. Decir que están activos es poco, simplemente no paran ni un minuto.
Son muchos los saharauis jóvenes que empiezan a interesarse por las clases de español, así es que Arantza y Rocío ya están en marcha con esta nueva actividad que, de momento, se está llevando a cabo en la Haima Bubisher. Salvo en una escuela en la que la directora ha puesto alguna pega porque ha decidido que las clases de español sean por la tarde y eso altera el horario de trabajo de Darjalha, el resto de los colegios ya tiene en su horario incluida la actividad del Bubisher. También hay que reseñar que se ha abierto una escuela de secundaria este año en la que se cursa 1º de ESO. El nivel de español de los alumnos es bueno y el director ha recibido encantado nuestro proyecto. Y Memona está feliz con sus tardes de niños y de cuentos.
La anécdota del día la ha puesto Manuel. Se perdió y estuvo un par de horas revoloteando por todo Smara. Un despiste simplemente, pero ya está con todos y con algo más para contar a su regreso.
Empieza la cuenta atrás para Gonzalo e Inés. Sin duda, dentro de ellos ya crece esa sensación de melancolía que siempre aparece cuando nos alejamos de los momentos vividos con intensidad, de la gente a la que hemos aprendido a amar, de las noches, como la de hoy, en las que se comparten estrellas, palabras y sueños.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

PLANIFICANDO


Alguien dijo que el Sahara crea adicción. Es verdad. Aún hoy, tres días después de nuestro regreso de Smara, algo de nosotras continúa allí, bajo las estrellas de un cielo inmenso, sobre las vastas explanadas de piedra y arena, entre las paredes de nuestra jaima. Aún en nuestros oídos, la risa de los niños. Y en las pupilas, sus miradas. Y en el corazón, nuestra familia: Darjahla, Memona, Larosi, Inés y Gonzalo.

Atrás quedaron las interminables negociaciones con los responsables saharauis del Ministerio de Educación, que, finalmente, dieron resultados positivos. Y las mañanas de recuento de libros y botellas y más botellas de agua para enfrentarnos al calor; las largas conversaciones con Memona y Darjhala sobre su actividad en el Bubisher a lo largo del curso y su responsabilidad en el proyecto. Y la planificación de todas las posibles actuaciones de voluntarios durante el presente curso: Trabajo en las escuelas, apoyo a los maestros en la puesta en marcha de actividades atractivas y variadas, apertura del Bubi por las tardes y todo lo que ello supone: préstamos, actividades de animación a la lectura, el Bubisher como sala de lectura libre, control del fondo bibliotecario etc, la posibilidad de impartir diferentes cursos de formación a niños y adultos, el apoyo a la apertura de un aula Bubisher para adultos y otra para niños tomando como referencia nuestro proyecto del mar…

Imposible olvidar la apertura del Bubisher convertido en barco por un día, con su capitán escondido tras una cámara de fotos, mientras, Sofía, esplendida cuentacuentos, encandilaba con su mano rosa a los pequeños grumetes. No nos faltó ni siquiera la tormenta. Un siroco oportuno nos levantó del suelo y nos metió a todos en nuestro pequeño- gran refugio. Y tras él, unas gotas de lluvia y de vuelta a la arena para seguir cantando y jugando alrededor del Bubisher.

Mucho, sí. Pero, poco para todo lo que hay que hacer. Planificar es bonito, pero mucho más importante será el trabajo de todos vosotros a partir de ahora. Igual que lo fue el realizado por todos los voluntarios el año pasado, a los que queremos dar la enhorabuena por su buen hacer. Es de justicia decir que encontramos el Bubisher en un magnífico estado y que el fondo bibliográfico estaba prácticamente completo, bien ordenado y en perfecto estado, y no porque los libros no se hayan usado, que se nota que han estado bien vivos.

Volvemos a Smara a través de nuestras recientes vivencias y aún vemos a Gonzalo negociando un coche para el transporte de Memona, Darjhala y los voluntarios, de la jaima a las escuelas y de las escuelas al Bubi, un mercedes “último modelo” que quita el hipo. Y, todavía hoy, sentimos en nuestras cabezas la risa compartida, las conversaciones interminables, los últimos sonidos de las silenciosas noches del desierto. Y nuestra propia voz diciendo: regresaremos.

martes, 29 de septiembre de 2009

CRONICAS DE SMARA. PRIMERA.


20 de septiembre

Después de un viaje interminable, pero lleno de momentos divertidos que nos ayudaron a olvidar los problemas, por fin, llegamos a Smara. Primera parada en Protocolo. Serían las cuatro de la madrugada. Estaba cerrado. El conductor del autobús saltó la valla, y llamó y llamó, pero ni por esas. Se supone que nos tenían que estar esperando, pero allí no apareció nadie. El autobús se puso de nuevo en marcha. Unos minutos después, desorientados y muertos de cansancio, fuimos alojados en la Jaima de una familia de la que no llegamos ni a ver sus rostros, el cansancio nos estaba llevando de la mano hasta un sueño profundo…

La primera imagen que guardamos en nuestras retinas es la de un grupo de guajes (como dirían las asturianas) en la puerta, a contraluz. En cuanto “el escriba”, conocido por todos como Eldeyar, se incorporó, una cascada de risas rompió el silencio e inmediatamente se produjo una espantada general que a penas duró unos segundos. Allí estaban de nuevo todos, mirando y riendo. Uno de ellos, ojos de carbón y mirada directa, hasta le tocó la cara y el pelo…

Después del primer pis en placa turca, de saludos y agradecimientos a la familia por su hospitalidad, salimos hacia el mercado. Y, de pronto, la silueta del Bubisher se dibujó a lo lejos ¡Por fin! Su inconfundible fisonomía se sumó a las pinceladas de color que los propios saharauis, ataviados con sus mejores galas para celebrar el final del Ramadán, dibujaron en el monocromático sepia del paisaje. Larosi, quien desde ese momento se convertiría en nuestro ángel de la guarda, nos ayudó a cargar todo el equipaje (nueve bultos entre cajas y maletas, más mochilas con cámaras fotográficas ) y nos llevó a Protocolo, lo más parecido a un hotel que puedas encontrar en Smara.

Inmediatamente nos pusimos manos a la obra, Empieza el recuento del fondo bibliográfico con la ayuda de Daryalha, que ya nos estaba esperando con su sonrisa inconfundible y con todo el entusiasmo puesto en un trabajo que, desde el primer momento, fue de verdadero equipo bien sincronizado. Poco después se incorporó Memona, tan dulce como segura de si misma, tan frágil como fuerte. Tan pequeña, pero tan grande.

A eso de las dos tuvimos que parar porque el calor era insoportable. Nos duchamos con un hilo de agua bendita, y Larosi nos llevó a comer a casa de un buen amigo suyo, una Jaima fresquita y llena de gente guapísima en la que por por primera vez, Inés, Palma y yo asistimos a la ceremonia del té. Las horas pasaron sin velocidad, entre charlas y risas. La comida consistió en un plato de hígado y una gran fuente de patatas fritas y carne… de camello.

-Gonzalo, esto sabe a arena.

-Comen arena, viven en la arena, mueren en ella… ¿a qué quieres que sepa?

-Pero… ¡Que me estoy comiendo a Caramelo!

Volvimos a Protocolo y después de una siestecita seguida de una ojeada a los documentos del proyecto del mar con Memona y con Daryalha, nos trasladamos a la Jaima que tendrán a partir de ahora los voluntarios.

Seguimos hablando, tomando té y planificando la semana en casa de Daryalha, donde nos invitaron a cenar y donde nos quedamos a dormir viendo las estrellas…

Puede que el suelo de Smara sea uno de los más duros de la Tierra, pero su techo es tan impresionante, tan espléndido que te hace pensar que no hay lugar más hermoso en el mundo.

El cielo del Sáhara te castiga de día, pero te regala de noche.

Sofía.