¿Qué hay más? ¿arena en el desierto o estrellas en el cielo?
sábado, 13 de noviembre de 2010
SMARA, LUGAR DE PAZ...
¿Qué hay más? ¿arena en el desierto o estrellas en el cielo?
viernes, 13 de noviembre de 2009
JUNTOS
700 niños son muchos, muchos, niños. Pues ese es el número de espectadores que Daryala nos dijo que habían asistido ayer al teatro que realizaron Silvia y Mónica. El sonido no fue perfecto, pero sí lo fue contemplar tanto silencio, tantas bocas abiertas y tantos ojos brillando a la vez, Y para que nada faltara, y para que la ilusión se agolpara en los rostros de todos ellos, apareció un payaso. Sí, sí, un payaso, porque estos días también está en los campamentos un grupo de Payasos sin Fronteras. Y actuó durante diez minutos y, sin duda, arrancó risas y sumó a la alegría, más alegría. Ayer fue día de fiesta en Smara. Y aunque día no laborable, tanto Memona y Daryala como las voluntarias trabajaron y trabajaron bien. Y finalizaron la jornada agotadas, pero felices. Ha sido una gran semana de juegos, música, libros y alegría. Una semana para la amistad, para el recuerdo, para el entusiasmo. Silvia, Mónica, Ayna y María pasan hoy su último día en Smara y Toñi ya prepara su viaje de ida. Una cadena humana que enlaza experiencias y afectos. Y que prolonga su radio de acción. Las noches del Bubisher están a punto de comenzar. Cuatro maestros saharauis, coordinados por Daryala, esperan reunirse en breve para formar un nuevo Leer Juntos. Desde Smara os envían a todos un saludo. Y el deseo de seguir Creciendo Juntos.
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lunes, 5 de octubre de 2009
EL VOLUNTARIO PERDIDO Y HALLADO EN SMARA.

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miércoles, 30 de septiembre de 2009
PLANIFICANDO
Alguien dijo que el Sahara crea adicción. Es verdad. Aún hoy, tres días después de nuestro regreso de Smara, algo de nosotras continúa allí, bajo las estrellas de un cielo inmenso, sobre las vastas explanadas de piedra y arena, entre las paredes de nuestra jaima. Aún en nuestros oídos, la risa de los niños. Y en las pupilas, sus miradas. Y en el corazón, nuestra familia: Darjahla, Memona, Larosi, Inés y Gonzalo. Atrás quedaron las interminables negociaciones con los responsables saharauis del Ministerio de Educación, que, finalmente, dieron resultados positivos. Y las mañanas de recuento de libros y botellas y más botellas de agua para enfrentarnos al calor; las largas conversaciones con Memona y Darjhala sobre su actividad en el Bubisher a lo largo del curso y su responsabilidad en el proyecto. Y la planificación de todas las posibles actuaciones de voluntarios durante el presente curso: Trabajo en las escuelas, apoyo a los maestros en la puesta en marcha de actividades atractivas y variadas, apertura del Bubi por las tardes y todo lo que ello supone: préstamos, actividades de animación a la lectura, el Bubisher como sala de lectura libre, control del fondo bibliotecario etc, la posibilidad de impartir diferentes cursos de formación a niños y adultos, el apoyo a la apertura de un aula Bubisher para adultos y otra para niños tomando como referencia nuestro proyecto del mar… Imposible olvidar la apertura del Bubisher convertido en barco por un día, con su capitán escondido tras una cámara de fotos, mientras, Sofía, esplendida cuentacuentos, encandilaba con su mano rosa a los pequeños grumetes. No nos faltó ni siquiera la tormenta. Un siroco oportuno nos levantó del suelo y nos metió a todos en nuestro pequeño- gran refugio. Y tras él, unas gotas de lluvia y de vuelta a la arena para seguir cantando y jugando alrededor del Bubisher. Mucho, sí. Pero, poco para todo lo que hay que hacer. Planificar es bonito, pero mucho más importante será el trabajo de todos vosotros a partir de ahora. Igual que lo fue el realizado por todos los voluntarios el año pasado, a los que queremos dar la enhorabuena por su buen hacer. Es de justicia decir que encontramos el Bubisher en un magnífico estado y que el fondo bibliográfico estaba prácticamente completo, bien ordenado y en perfecto estado, y no porque los libros no se hayan usado, que se nota que han estado bien vivos. Volvemos a Smara a través de nuestras recientes vivencias y aún vemos a Gonzalo negociando un coche para el transporte de Memona, Darjhala y los voluntarios, de la jaima a las escuelas y de las escuelas al Bubi, un mercedes “último modelo” que quita el hipo. Y, todavía hoy, sentimos en nuestras cabezas la risa compartida, las conversaciones interminables, los últimos sonidos de las silenciosas noches del desierto. Y nuestra propia voz diciendo: regresaremos.
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martes, 29 de septiembre de 2009
CRONICAS DE SMARA. PRIMERA.
20 de septiembre
Después de un viaje interminable, pero lleno de momentos divertidos que nos ayudaron a olvidar los problemas, por fin, llegamos a Smara. Primera parada en Protocolo. Serían las cuatro de la madrugada. Estaba cerrado. El conductor del autobús saltó la valla, y llamó y llamó, pero ni por esas. Se supone que nos tenían que estar esperando, pero allí no apareció nadie. El autobús se puso de nuevo en marcha. Unos minutos después, desorientados y muertos de cansancio, fuimos alojados en
La primera imagen que guardamos en nuestras retinas es la de un grupo de guajes (como dirían las asturianas) en la puerta, a contraluz. En cuanto “el escriba”, conocido por todos como Eldeyar, se incorporó, una cascada de risas rompió el silencio e inmediatamente se produjo una espantada general que a penas duró unos segundos. Allí estaban de nuevo todos, mirando y riendo. Uno de ellos, ojos de carbón y mirada directa, hasta le tocó la cara y el pelo…
Después del primer pis en placa turca, de saludos y agradecimientos a la familia por su hospitalidad, salimos hacia el mercado. Y, de pronto, la silueta del Bubisher se dibujó a lo lejos ¡Por fin! Su inconfundible fisonomía se sumó a las pinceladas de color que los propios saharauis, ataviados con sus mejores galas para celebrar el final del Ramadán, dibujaron en el monocromático sepia del paisaje. Larosi, quien desde ese momento se convertiría en nuestro ángel de la guarda, nos ayudó a cargar todo el equipaje (nueve bultos entre cajas y maletas, más mochilas con cámaras fotográficas ) y nos llevó a Protocolo, lo más parecido a un hotel que puedas encontrar en Smara.
Inmediatamente nos pusimos manos a la obra, Empieza el recuento del fondo bibliográfico con la ayuda de Daryalha, que ya nos estaba esperando con su sonrisa inconfundible y con todo el entusiasmo puesto en un trabajo que, desde el primer momento, fue de verdadero equipo bien sincronizado. Poco después se incorporó Memona, tan dulce como segura de si misma, tan frágil como fuerte. Tan pequeña, pero tan grande.
A eso de las dos tuvimos que parar porque el calor era insoportable. Nos duchamos con un hilo de agua bendita, y Larosi nos llevó a comer a casa de un buen amigo suyo, una Jaima fresquita y llena de gente guapísima en la que por por primera vez, Inés, Palma y yo asistimos a la ceremonia del té. Las horas pasaron sin velocidad, entre charlas y risas. La comida consistió en un plato de hígado y una gran fuente de patatas fritas y carne… de camello.
-Gonzalo, esto sabe a arena.
-Comen arena, viven en la arena, mueren en ella… ¿a qué quieres que sepa?
-Pero… ¡Que me estoy comiendo a Caramelo!
Volvimos a Protocolo y después de una siestecita seguida de una ojeada a los documentos del proyecto del mar con Memona y con Daryalha, nos trasladamos a
Seguimos hablando, tomando té y planificando la semana en casa de Daryalha, donde nos invitaron a cenar y donde nos quedamos a dormir viendo las estrellas…
Puede que el suelo de Smara sea uno de los más duros de
El cielo del Sáhara te castiga de día, pero te regala de noche.
Sofía.
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